Empezó la orquesta

 

Desde la distancia puedes distinguir la cúpula de QuiqueDacosta Restaurante, un impecable blanco en una esquina, justo al lado de una parada de bus frente a un pequeño centro comercial. Una mezcla de modernidad con tradicional arquitectura del lugar y un contraste entre lo seguridad del concreto y la fragilidad del vidrio.

Entrar a hacer prácticas de cocinero es por norma un trabajo sacrificado y el primer día tiende a ser difícil. En este caso ha sido un completo placer, además de ser un tres estrellas las palabras del chef te dan una patada de humildad al comprender que un tres estrellas no significa nada más que la expectativa del comensal que debe ser cumplida por el equipo de cocina.

Como es costumbre mía, suelo estar en los lugares horas antes de lo establecido, es una mala maña que he agarrado por miedo a imprevistos y el día que empiezo algo tan importante obviamente llegué dos horas antes de lo estipiulado (considerando que tenía que movilizarme varios kilómetros con un equipaje de más de 45kg.

Entro al restaurante, conozco al jefe de cocina y lo primero que hace es invitarme a un café, obviamente el restaurante está cerrado por temporada y está semana están aún afinando detalles, pintando paredes y haciendo que ese blanco impecable se mantenga como tal.

A la hora establecida conocemos a Quique Dacosta, quién, luego de presentarse nos da un recorrido de las cocinas y nos habla del trabajo en ella, nos cuenta su historia (que a lo mejor se puede investigar en varios medios) y nos da la bienvenida.

Él empezó lavando platos y pasó de ahí a ser uno de los chefs 3 estrellas de España, siendo así nos aclara que para entrar al restaurante no exige un curriculum de larga trayectoria y lo que si espera es la entrega completa, “nos ha abierto las puertas de su casa y ahora somos como un hijo más. Para lo bueno y para lo malo pues ahora somos parte de su responsabilidad así como su cuidado”.

Una de las características más atractivas de las señas de identidad de QuiqueDacosta que menciona la bienvenida por escrito es “aprender y enseñar”. Pues la cocina no es un mundo sumamente amplio y la humildad está en cada palabra que he escuchado o leído por los cocineros de acá (ya les diré si cambio de opinión en el camino).

El restaurante también tiene su historia, más de 35 años de haber abierto, y la historia parece ser algo valioso, tanto en la arquitectura cómo en los platillos. El edificio es una casa que no se modificó en términos estructurales respetando la tradicional casa valenciana, la cúpula es un claro ejemplo de ello, y los vidrios que rodean respetan cada palabra de historia por contar. Entre la entrada al restaurante y la entrada al salón hay un árbol de olivos y unos cuantos de cítricos, también característicos de la región.

El restaurante es una pequeña orquesta, todos estamos esperando con ansias formar parte de ella, y así será en una semana.

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