La “autenticidad” de Matute

Tu lado más humano lo descubres cuando una sonrisa ajena te
causa felicidad.

Con una personalidad que se refleja en su local, Jorge López es la cara supuestamente oculta del bar Matute. Confiado de sus gustos,
que se vuelven evidentes tras conocer el bar, Jorge ha logrado mantener un
concepto al que aún nos estamos acostumbrando en Guatemala, diferenciado tan
sólo por transmitir su personalidad de manera consistente.

Al entrevistarlo se reconoce que Matute es muy personal;
como cuando te preguntan sobre una relación actual, en vez de respuestas claras
sólo hay caos sin principio ni fin, porque lo que te mueve a hacerlo no es la
cabeza sino el corazón, que no necesita respuestas sino emociones.

Entre un par de copas y una grabadora, él cuenta su
experiencia desde que se comenzó a interesar en su concepto sin darse cuenta
que nació de la apatía hacia las típicas chingaderas de amigos, cuando una
salida representa una borrachera escandalosa en vez de una conversación entre
copas.

Jorge es un diseñador gráfico que fue conociendo a lo largo de su carrera cosas que fueron más valiosas; la atención al cliente fue una. La obsesión a los detalles y la posibilidad de identificarse con un lugar lo han mantenido alerta mientras sus experiencias en trabajos anteriores le enseñaron qué no hacer.

El inicio fue complicado desde la aceptación de la idea. Habiendo
conceptos “seguros” para invertir, querer hacer algo diferente es riesgoso,
pero para Jorge, es hacer algo auténtico; algo por lo que esté dispuesto a
despertarse todos los días y mejorarlo; algo que pueda llamar propio y no encontrarlo
en cada esquina.

La colaboración de chefs como Giselle Moreno o Fernando de
la Parra en el menú insinúa la ausencia de celos profesionales y, la
recomendación personal para ir a Karma porque ama el lugar, lo confirma.

Lo que muestra la <> de Jorge es esa  que nace del amor al servicio y la satisfacción de ver una sonrisa en cada cliente. Eso no significa que matute sea para todos, porque al final es el reflejo de una personalidad única que su único miedo es “que no pegue el concepto” y asegura que antes de cambiarlo está dispuesto a cerrarlo.

El sueño para el futuro es tener una terraza y posiblemente otro local, pero siendo idealista y honesto, él preferiría ver que la ciudad pueda estar llena de locales estilo Karma o Matute, que cada uno tenga su identidad y pueda seguir conociendo y descubriendo lugares.

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